¿Qué ver en Siria?
DAMASCO
Damasco está ubicada en una zona considerada una de las cunas de las civilizaciones más antiguas del mundo. Se dice que Damasco, –en competición con Alepo–, es la ciudad más antigua del mundo habitada de forma continuada a lo largo de la historia. Las tablillas encontradas en Egipto se refieren a Dimashqa como una de las ciudades conquistadas por los egipcios en el siglo XV a.C., pero las excavaciones realizadas en el patio de la mezquita Omeya han puesto al descubierto hallazgos que llegan hasta el tercer milenio a.C. También el nombre de Dimashqa aparece en los archivos de Ebla y en las tablas encontradas en Mari (2500 a.C).
Un recorrido por Damasco puede comenzar en la Ciudad Antigua. Está amurallada y el Damasco moderno se extiende a su alrededor por todas direcciones. El acceso más apropiado que podemos utilizar desde la ciudad nueva es a través del zoco cubierto al-Hamediyye. Si lo atravesamos, desembocaremos en la maravillosa Mezquita Omeya, pasando antes, en su último tramo, por los impresionantes restos de las columnas del Templo romano de Júpiter. Es una de las visiones más inolvidables de este viaje.
La Mezquita Omeya ocupa el tercer lugar en importancia en el Islam después de las mezquitas de las ciudades santas de La Meca y Medina. Y se dice que compite en arquitectura y decoración con la mezquita de la Cúpula de la Roca en Jerusalén. Utilizada a lo largo de toda su historia como templo sagrado, el culto religioso en este lugar se remonta al siglo IX a.C.
En los alrededores de la mezquita podemos encontrar el mausoleo dedicado al héroe Saladino (Salah ad-Din), célebre guerrero que hizo frente a los cruzados y que murió en Damasco en 1193. Un poco más alejado encontraremos el bonito edificio que cobija el Museo de Epigrafía Árabe. Y al norte de la mezquita hallaremos dos madrasas (escuelas de teología) de arquitectura ayyubí que están una frente a la otra. A la izquierda, en al-Adeliyya, está enterrado un hermano de Saladino y justo a la derecha está la madrasa al-Zahariyya la cual utilizó como residencia privada el padre de Saladino y que posteriormente se convirtió en el mausoleo del sultán mameluco Baybars que fue enterrado aquí junto a su hijo. Desde aquí podemos continuar hacia el norte donde podremos visitar la mezquita de la Sayyida Ruqayya, nombre de la hija de Hussein, el nieto del Profeta Mahoma, de Kerbala, y en donde se encuentra el mausoleo de esta.
ALREDEDORES DE DAMASCO Y HAURAN
En los alrededores de Damasco se puede visitar Seidnayya donde se encuentra el convento de Nuestra Señora, pertenecientes a los griegos ortodoxos y uno de los lugares de peregrinación cristiana más importantes de Oriente Medio por el cuadro de la Virgen María que alberga en su interior. Hay que destacar que este convento van a visitarlo tanto musulmanes como cristianos. También encontramos el característico pueblo de Maalula, pueblo mayoritariamente católico griego en el que aún se habla el arameo, la lengua en la que hablaba Jesucristo. Lo más importante para visitar es el convento de Santa Tecla y el monasterio de San Sergio.
Al nordeste de Damasco, si tenéis tiempo, también podéis visitar el monasterio de Mar Musa con una iglesia que tiene en su interior interesantes frescos. Se puede pasar la noche aquí, no hay que pagar nada, solamente contribuir con las labores de la comunidad.
Un lugar del que no se puede prescindir en la visita a Siria es Bosra, con su impactante teatro romano en el interior de una formidable fortaleza árabe. Los restos de una antigua ciudad romana se expanden alrededor. Se puede encontrar caminando por ella una de las mezquitas más antiguas del mundo (la de Omar), restos de mercados, baños públicos o hammam, entre otros. Otros pueblos que se podría visitar si se dispone de tiempo son Sweida, Qanawat y los Altos del Golán. Este último es muy interesante por ser la única frontera que existe entre Israel y Siria, territorio que pertenecía a Siria y que ocuparon y se apropiaron los israelíes en la guerra de 1967. Se pueden ver in situ los restos de lo que queda de la ciudad de Quneitra después de retirarse el ejército israelí de ella. Para visitar esta ciudad se necesita un permiso, fácil de conseguir, en el Ministerio del Interior sirio.
LA COSTA Y LAS MONTAÑAS
Uno de los lugares más impresionantes tanto de esta zona como de toda Siria es el castillo del Crac de los Caballeros, la fortaleza cruzada mejor conservada que hay. Se recomienda recorrerla con tranquilidad, no menos de dos horas, y llevarse una linterna, pues la marcha transcurrirá entre corredores sombríos, tramos de suelo desigual y escaleras empinadas. Antes de entrar en ella, es recomendable tener una vista general del sitio subiendo por el camino asfaltado que lo rodea, hasta la cumbre de la colina, hacia el sur. Pensad que antes de 1170, y a pesar de terribles terremotos, la fortaleza interior ya estaba terminada y en 1200, el crac presentaba más o menos el aspecto que tiene en la actualidad, solo que muy blanco y con piedras de aristas brillantes.
Tartus es el segundo puerto de Siria y merece algo más que una visita rápida. Está ciudad es muy peculiar pues la fortaleza que había se ha fundido con las casas que la rodean y sus dependencias incluso sirven de hogar a sus habitantes. Desde Tartus es posible tomar un barquito que nos llevará en un agradable y corto viaje hasta la pequeña y atípica isla de Arwad, fundada por los cananeos y con una larga historia posterior. Resulta muy interesante ver los impresionantes restos que quedan de sus murallas y cómo construyen barcas.
En los alrededores de Tartus podemos llegar hasta el inquietante yacimiento arqueológico de Amrit. También, según el rumbo que escojamos posteriormente, podemos realizar una visita a la pequeña ciudad de Safita, con su magnífica torre del homenaje desde la que se puede contemplar un bonito paisaje. Otro castillo que no hay que olvidar es Qalaat al-Marqab con unas buenas vistas del Mediterráneo.
Finalmente, podemos llegar hasta la ciudad costera de Lataquia que nos servirá de base de operaciones para emprender otros viajes a sus alrededores. En el camino nos podremos dejar llevar por el envolvente paisaje hasta llegar a Ugarit (Ras Shamra), de donde salió uno de los primeros alfabetos en la historia y a Qalaat Salah ad-Din, un castillo que, aunque no está tan sumamente bien conservado como el Crac, es impresionante por el enclave en el que se encuentra.